viernes, 28 de noviembre de 2008

Pedro Lemebel en La Habana (hace justo dos años)

1.
San Homo en Casa de las HeteroAméricas. A todo trapo, a toda vela: velo de novia, chal y mantilla. A toda leche y a toda voz. A todo color: de los pies a la cabeza y del turbante a un par de botines anaranjados (Clock-Work Orangay).
Pedro Lemebel revisita La Habana a finales de noviembre del 2006: la Semana de Autor en calle G y 3ra (el patio de mi Casa no es particular) realmente promete. Y los anfitriones lo saben. De ahí sus risitas cómplices ante un show(wo)man llamado Pedro Lemebel. De ahí sus puestos puntuales en primera fila. Por si acaso.
Show must go homo.

2.
—Papá –implora mi hijo de nueve años, aburrido frente a la TV nacional–: llévame a ver al Mago Lemebel.
Porque era eso. Se esperaba un acto de magia. Se respiraba una tolerante atmósfera de prestidigitación. Sobre todo por la reacción solemne y somera con que lo anunciaron los medios locales (nada locuaces, sino a medias tintas por esta vez):
Lemebel en Casa. Un escritor chileno de izquierda. Amigo personal de Gladys Marín.
Entonces cargo en el cuello a mi hijo y con un gesto de resignación lo complazco:
—Vamos.
Y fuimos. Hasta una Casa que no existía antes del magister Potter Lemebel.

3.
En Cuba, para no variar, aún no había nada editado de tal escritor chileno de izquierda, aunque fuese amigo personal de Gladys Marín: demasiado estrafalario, estravestifalario, falario a secas (queer queen).
Una década atrás, Pedro Lemebel había estado en La Habana para desplegar su estrambótico peorformance: Las Yeguas del Apocalipsis. Pero al parecer vino, no vio vicio, y se fue. Sin penes ni glorias.
Ahora, sin embargo, la cosa en Casa sí prometía ponerse caliente. De ahí el interés de grandes y chicos, incluido mi hijo que apenas sabe leer. Porque acaso se tratara justamente de eso. De aprender a leer con Leemebel.
Sería un método fulminante de sacar del closet ese scrabble cariado que nos paraliza en el modo straight. Una metodología All-included & Pret-à-porter (Pedro-à-porter). Servicio a domicilio. Coge tu Lemebel en Casa durante toda una Semana de Autor: en realidad, cuatro tardes truncas de noviembre del 2006.

4.
Baja el telón y sube el telón, y aparece Pedro Lemebel. El tipo tamiza las luces de Casa y pasa por el audio una balada kitschilena. Esta es la ecología perfecta para declamar ahora un poema civil. Un Manifiesto por su diferencia, escrito 20 años atrás y democráticamente leído bajo la dictadura del general Augusto Pinochet, en el Santiago de Chile de septiembre 1986.
Es un panfleto de versos edípicos y conversensacionales: howllidos de Lobomel o, mejor aún, el graznido de cisne de Lemebird. Es una monserga donde se pone patas arriba el mito de Cuba en tanto paraidso de la izquierda socialutópica global.
Pedro Lemebel dixxxit:
No soy Pasolini pidiendo explicaciones. No soy Ginsberg expulsado de Cuba.
¿Y entonces? ¿Qué harán con nosotros, compañeros? ¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos, con destino a un sidario cubano?
¿El futuro será en blanco y negro? ¿El tiempo en noche y día laboral, sin ambigüedades? ¿No habrá un maricón en alguna esquina desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿No cree usted que solos en la Sierra algo se nos iba a ocurrir? Aunque después me odie por corromper su moral revolucionaria.
Mi hombría no la recibí del Partido porque me rechazaron con risitas muchas veces.
Mi hombría espera paciente que los machos se hagan viejos, porque a esta altura del partido, la izquierda tranza su culo lacio en el Parlamento.
Hay tantos niños que van a nacer con una alita rota. Y yo quiero que vuelen, compañero: que su Revolución les dé un pedazo de cielo rojo para que puedan volar.
Oh-vación cerrada. Ah-plausos unánimes. Uh-rras al por mayor. Eh-sfínteres de todos los países, ¡abríos!

5.
Sube el telón y baja el telón, y desaparece Pedro Lemebel. En su lugar, tras el micrófono, surge una flora y fauna de conferencistas del patio y académicos de university llegados de USA.
Por supuesto, de tanto en tanto se habla, también, de literatura. Pero la mayor parte del tiempo, como es lógico (time is money), cada cual habla de sí, de sus respectivos ingenios como lectores privilegiados de Lemebel: todos lo han leído ya todo de él, lo que demuestra lo innecesario de publicarlo antes aquí.
Se alaban las crónicas cólicas de Lemebel. Se le pasa la mano a su novela Tengo miedo torero, primer libro del invitado chileno que en Cuba circulará (otro chileno, Roberto Bolaño, le advirtió que era patética y que mejor no la publicara, pero Roberto Bolaño murió en el 2003).
Se admira su militancia levogay. Sobrecogen sus desplantes políticos en vivo ante las cámaras de la televisión chilena (la televisión cubana lo filma todo off-the-record, por si aparece luego un espacio donde editar en diferido a Lemebel). Y se captan sus ironías sobre el savoir-faire entre hombres en las noches otoñales del trópico insular, no muy lejos de la domesticada Casa de 3ra y calle Gay.
Los anfitriones demuestran su excelencia de anfibios, al no perder nunca la risita cómplice desde sus puntuales puestos en primera fila, mientras aplican la táctica urbanoguerrillera del laisser-faire. Pero mi hijo de nueve años igual se aburre muy pronto y ya se quiere marchar.
—Papá –me implora otra vez–: llévame a ver al Mago de Oz en Cubavisión.

6.
Letras de penúltimos cuplés, boleros lelos, rancias rancheras y slogans revolucionáridos. Todo gritado a sotto voce desde un radiecito clandestino: el tralalí-tralalá de Pedro Lemebel en Tengo miedo torero no tiene para cuando acabar.
El personaje La Loca del Frente (Patriótico Manuel Rodríguez) es su pedrerónimo en esta novela breve. La fecha y el lugar de la trama recurren incisivamente en Santiago (de Chile), en septiembre 1986. Sólo que ahora ya no se trata de declamar afectadamente un poema civil, sino de matar a bazukazo limpio al general Augusto Pinochet (más los imprescindibles daños colaterales, incluido el Mercedes limousine presidencial).
En un país cuyo presidente ha sobrevivido a más de 600 intentonas de asesinato, Tengo miedo torero resulta a la postre de un realismo naif. Lo más interesante del libro es acaso cierta entrelineada noción de falorrevolución. Un cierto candor de los años sesenta ahora ya demodé. En este sentido se trata de un relato inactual, un fósil remix de la paleohistoria de América Letrina. Un guión que fácilmente podría dramatizarse como radionovelón de las 2 PM en cualquier emisora estatal.
Lo cierto es que, Por la Razón o la Fuerza, el viejo zorro de Roberto Bolaño sabía dar en clavo en términos de publicar o no publicar: that is the gaystion.

7.
—Mi niño –Lemebel le dijo a mi hijo al concederle un autógrafo–, el año que viene vuelvo y ya seremos legión: el coche hay que empujarlo de a poco para que avance –sentenció teatralmente, guiñándome un ojo a mí.
Un par de años después, ese parlamento continúa siendo incomprensible al menos para mí. De nada ha valido preguntarle al propio autor qué quiso decir con aquello. Del correo que nos regaló en la solapa de Tengo miedo torero (lemebel@hotmail.com), sólo llegan saludos cordiales y evasivas pasivas.
Al parecer, al torete de Lemebel le gusta guardar sus cartas más afiladas para la hora de la estocada final.

8.
Pedrísimo Lemebel, con su atuendo de bi-sualidad hi-tech y sus tics de narrador homosentimenstrual. Perrísimo Lemebel, hechizando a la vampiresca familia lectiva cubana, ávida de lebeber su nefanda sangre post-HIV: milagro del sickglo XX. En fin, el mal. Lemebel, P: p(l)ato fuerte que desborda la copa pacata con que alguna vez los chilenos leyeron al Donald Dick.
En plena Casa, ante las palabras y gestos del transchilen@, aún tratándose de todo un escándalo, la presidencia prefirió no escandalizar. Así todo quedaría dentro del canon cooltural del siglo XXI local (de locas), con su correcta dosis de low-profile, más una diplomática imagen de tolerancia de cara a la Izquierda Internacional Ltd.

9.
Quoth the condor: Nevermebel.

10.
Para comfort de grandes y chicos, ya ha pasado la revisita de Pedro Lemebel. Una naranjada mecánica capaz de provocar toda una revolución naranja, al menos en mi cráneo de ucranio tropical.
Verlo en directo fue casi un augurio de la inminente muerte en cama (y no a bazukazo limpio) del general Augusto Pinochet.
Así sea, pues: let it mebel.

Orlando Luis Pardo

jueves, 27 de noviembre de 2008

Generación Y


Foto: Claudio Fuentes

Felicidades a Yoani Sánchez, a Generación Y, a todos sus comentaristas y a todas las personas que la han ayudado, por estos dos supermerecidos premios.

¡Que la resistencia continúe y que cada día seamos más!

Mejor blog: GENERACIÓN Y

Premio de Reporteros sin Fronteras: GENERACIÓN Y

PD: Ahora, en vez de un prólogo, el Comandante va a tener que escribir una novela.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Al fin llegaron



Lunes 24 de noviembre de 2008, 11:00 am:


Llego del trabajo corriendo para atender a los trabajadores sociales que se llevan los refrigeradores viejos.
Ambiente de locura, todos los refrigeradores viejos rodando escaleras abajo, dicen que una vecina estaba a punto de llorar. Yo también estaba un poco triste, da pena verlos rodar así después de casi medio siglo trabajando sin parar.
El refri de mi mamá, por ejemplo, se lo regalaron a mi abuela como regalo de bodas, ella nació en 1919 y se casó a los 16 años. Es imposible quedar impasible ante su muerte. Entiendo a OLPL y otros amigos que no cambiaron los suyos, pero a mí la verdad, que aunque me de tristeza, prefiero el cambio. Además, bien caro que sale, porque me han dicho que hay gente por ahí que se cree que es sólo cambiado, pues no, es cambiado y pagado: vale 260 cuc. La suerte es que se puede pagar a plazos. Después de 50 años, se dieron cuenta que si no venden a plazos, pues no venden, porque con qué vamos a pagar.
Habían dos muchachos, que no sé de dónde salieron, que cargan los refrigeradores y te los bajan por 20 pesos.

6:30 pm:
El camión de los nuevos llega, como les llama Claudio, los "Comandantes Haier". La odisea de subirlos y demás, que por suerte con la cámara de Yoani lo he podido coger todo, sobre todo a Claudio y a Ciro, posando antes de empezar a subir.
A los trabajadores sociales, que estaban sin almorzar, les hice café. Me contaron que no les dan ni siquiera una merienda en todo el día.

martes, 25 de noviembre de 2008

La llegada del refrigerador (II)


Domingo 23 de noviembre, 11:00 am:

Foto: la pieza de Juan Suárez para la exposición "Monstruos devoradores de energía".

Voy saliendo para el trabajo (sí, el domingo también trabajo) y me pregunta el de Vigilancia que para dónde voy porque ya están recogiendo los refrigeradores en la acera del frente. Ciro está en casa de una alumna dando una clase, así que tampoco está.
Esta semana nos la hemos pasado esperando el refrigerador, yo no he faltado más al trabajo pero hay mucha gente que sí. Desde aquel funesto viernes de la semana pasada, hay personas que estuvieron sin refrigerador hasta el viernes siguiente, porque como los camiones no estaban, no pudieron traerles los refrigeradores nuevos. De casualidad nos salvamos nosotros, porque la lista de los que estábamos cambiando vino mal hecha y la presidenta del CDR no dejó que nos los recogieran hasta que la arreglaran, en lo que la arreglaban fue que dejaron de trabajar y nos quedamos con nuestros refris viejos, que por lo son.
Me voy corriendo para dejar las cosas en el trabajo encaminadas y virar para la casa, lo hago en el tiempo récord de una hora, incluido el carro de diez pesos para allá y para acá, para ir más rápido.
Cuando voy regresando me grita un vecino: ¡Vira, vira, que hoy no van a recoger los de nosotros!
Me dio un pequeño ataque de histeria, que por suerte se me pasó rápido cuando le vi la cara a la presidenta del CDR, que se ha pasado la semana tomando meprobamato y que estaba a punto de coger por el cuello a alguien. Ella está más desesperada que yo. En su trabajo le dan estímulo en divisa y si falta no se lo gana.

Dicen que viene mañana…

(continuará)

lunes, 24 de noviembre de 2008

La gauche caviar


Foto: Claudio Fuentes Madan

El otro día Ciro y Gorki le dieron una entrevista a un italiano comunista. No sabían que era comunista, claro. Pero igual se la hubieran dado porque le dan entrevistas a todo el mundo a pesar de mis consejos de no hacerlo, porque no es fácil estarle dando una entrevista al seguroso que lo que quiere es que te pudras en la cárcel y tú ahí, respondiendo preguntas amablemente.
Según la versión de Ciro, Gorki se había alterado cuando el periodista le dijo que había que agradecerle muchas cosas a la revolución, mientras que él no se alteró porque quería sacarle información. Según la versión de Gorki , Ciro se había alterado cuando el periodista dijo que los disidentes estaban todos recibiendo dinero del gobierno de los Estados Unidos, mientras que él se había mantenido sereno para poderlo escuchar y saber cómo pensaba. Ambas versiones coincidieron en que por suerte yo no estaba ahí, porque sino sí que habría saboteado la entrevista, con la consabida expulsión de mi casa del compañero periodista comunista europeo.
Puedo conversar con comunista cubano, de hecho lo hago a menudo porque conozco unos cuantos (mi suegra, por ejemplo). No aguantamos mucho ninguno de los dos, pero puedo escuchar algunos de sus argumentos y refutarlos y tratarlo de convencer.
Pero con los europeos, norteamericanos, y cualquier persona del mundo desarrollado occidental, no puedo. Incluso tengo paciencia con los jóvenes latinoamericanos, porque creo que tienen el cerebro lavado, igual que nosotros, y para colmo andan viviendo en Cuba como si esto fuera un paraíso, mientras en sus países les venden este gobierno como el modelo para la solución de todos sus problemas…sólo espero que no se haga realidad, por el bien de sus hijos.
Me da ganas de vomitar que un español o un francés o un italiano me diga que la revolución cubana es un baluarte de la sociedad perfecta en este mundo capitalista donde el egoísmo bla bla bla… ¡ganando 5000 dólares al mes y de vacaciones en Varadero, realmente la democracia no tiene sentido!
Una vez en casa de Claudio, un norteamericano de unos 50 años me dijo que le parecía muy bien que los cubanos no tuviésemos derecho a comprar carros: ¿para qué quieren carros ustedes si no les hace falta moverse hasta lugares muy lejanos para ir a trabajar? Yo allá en Estados Unidos no tengo carro, así no siento la necesidad de ir lejos.
La parte no ir lejos para trabajar no me quedó clara, de dónde habría sacado semejante estadística. Lo demás ni lo refuté. ¿Para qué? Lo mejor fue cuando llegó su novia de 15 años. Habría que preguntarle a ella lo que cree de que su novio nunca le vaya a comprar un carro.

sábado, 22 de noviembre de 2008

El "maldito" asunto del dinero

Foto: Lía Villares

Reinaldo Escobar escribió un excelente artículo, “Las espinas del dinero”, donde, entre otras cosas, menciona el dineral que recibió Castro de todo tipo de fuentes para hacer su revolución. Sin embargo, cada vez que se habla de disidentes, periodistas independientes o partidos políticos en Cuba, el dinero no deja de ser una maldita espina de pescado en la garganta. ¿Por qué?
A mí no me importa en absoluto si les mandan dinero o no, incluso creo que deberían conseguir más: para hacer más pancartas, poner más carteles, poder crear una red clandestina de ponedores de consignas anticastristas, instalar una imprenta nómada, crear una intranet disidente local, emisoras de radio, sobornar a los oficiales de la seguridad y cambiarlos de bando, imprimir 11 millones de copias del Proyecto Varela, en fin, para que hagan lo que se les ocurra.
Lo que sí me causa curiosidad, por ejemplo, es el salario de Randy, me encantaría saber cuánto pagan por dar la cara de manera tan brutal. ¿Cuánto ganó Taladrid la semana que dedicó a disertar en vivo y en directo en la Mesa Absurda sobre los correos privados de Marta Beatriz Roque?
Me maravilla que el pueblo, incluidos muchos amigos míos que considero inteligentes y capaces, con ideas políticas muy coherentes, pongan cara de imagínate, cuando se habla del dinero de la oposición. ¿Por qué mejor no nos preguntamos cuánto le pagaron al que le tiró la foto al refrigerador de Marta, al que tiene Internet en la casa 24 horas para sabotear en la red a la resistencia, al que escucha del otro lado nuestro teléfono? ¿Por qué los periodistas del noticiero nacional de televisión tienen carro, celular, casa, de dónde sale todo eso? ¿Por qué a ellos les pagan tan bien, y a nosotros, el resto, tan mal? ¿Por qué Eusebio Leal tiene tiendas de antigüedades en Europa, y de paso, quién lo declaró señor feudal en jefe de la Habana Vieja?
Recuerdo una vez, a causa de algún escándalo internacional por una cuenta bancaria del Comandante, que tuvimos que soportar varios de días de mesa absurda, donde se explicaba en detalle la precaria situación económica de Castro. El chiste popular era que se debía recoger un dólar por persona para regalarle dinero…y aun así nos preocupamos del dinero de los que están de nuestro bando. Parece increíble.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Dos sociedades civiles: la verde y la de colores

Leo el Granma y veo el televisor, el noticiero y cuanta publicación oficial caiga en mis manos. Aunque a veces me molesto, prefiero pasar el mal rato para saber qué es lo que ellos están diciendo y tratar, de una manera ingenua, de adivinar las intenciones detrás de cada titular.
El otro día, por ejemplo, casi caigo en la trampa de un titular del Granma : "La sociedad civil cubana denuncia el bloqueo" o algo así, no lo recuerdo bien. Cuando leí "la sociedad civil", al momento me dije emocionada: ¡Están hablando de La Sociedad Civil en el Gramna!
¡Qué ingenuidad! El artículo lo terminé de mala gana, no recuerdo en absoluto de qué iba, lo que si recuerdo era que la "sociedad civil cubana" del Granma estaba formada por Felipe Pérez Roque en primera plana, seguido de Miguel Barnet y otros escritores y funcionarios de las principales organizaciones culturales del país, es decir, las principales organizaciones gubernamentales; porque todos a estas alturas saben que en Cuba un funcionario alto de Cultura, es lo mismo que un funcionario alto de la Seguridad del Estado, ya que su inmediato superior, sin duda alguna, trabaja para la inteligencia militar. Incluso hubo una época en la que casi todos nuestros ministros eran militares, sin tapujos ni disimulos.
Ahora parece que ya no lo son, ahora se llaman sociedad civil, porque el uniforme verde hace tiempo que dejó de ser obligatorio.
¿Por qué? Me pregunto si será, acaso, que tienen miedo de que nuestro pueblo sepa que en realidad existe una verdadera sociedad civil, de la que ellos también forman parte y que no tiene derecho a casi nada. Que no tiene ni siquiera el derecho a saber cuáles son sus derechos. O quizás me pregunte por qué nuestros dirigentes se sienten en la necesidad de robarle el nombre a la oposición. Será, quizás, que temen que los términos oposición y sociedad civil, abarquen en sí mismos a tanta gente que ya no se pueda hablar de políticos, de disidentes, porque la sociedad civil es enorme y demasiado grande, condenada a seguir creciendo mientras nuestro gobierno pasa de ella mientras le roba descaradamente el nombre.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La llegada del refrigerador


Crónica de un día absurdo (incompleto pero continuará)


Jueves, 9 de la noche:

Mi presidenta del CDR, que ya he dicho es de lo más buena, me grita que los refris llegan mañana. ¿Hora? No se sabe.
Bajo a averiguar qué se sabe, tengo trabajo por la mañana y después tengo otro trabajo por la noche, hasta las diez de la noche…no me gusta faltar.
El dueño de la casa debe estar presente, si no está, otra persona puede adquirirlo pero ésta persona tiene que ser el deudor.
Para el gobierno cubano soy ama de casa, así que no puedo ir a trabajar porque la deudora es mi mamá y tampoco puede venir porque ella también espera su refrigerador, al menos el dueño de la casa debe estar. ¿Además, bajo qué misteriosas razones una ama de casa no estaría para recibir su refrigerador, más cuando el de ella hace años que no congela en verano?
Mis vecinos me aconsejan ir a trabajar por la mañana, porque los refrigeradores siempre llegan tarde, decido sacrificar el trabajo de por la noche, llamar el jefe etc etc etc.
Claudio tiene su cámara digital rota, llamar a Orlando para ver si me puede prestar la de él, está complicado; Lía, no comunico; Yoani me brinda la suya pero Ciro no está para ir a buscarla.
Me acuesto.

Viernes, 7 y cuarto de la mañana:

Estoy saliendo para el trabajo: suena el teléfono, es mi presidenta del CDR, que mejor que no vaya al trabajo, que la llamaron que los traen a las nueve.
Llamar al otro jefe, Ciro preocupado. Dos compañeras del trabajo me dicen que estuvieron TRES DÍAS esperando el refrigerador. Cuelgo el teléfono, no voy a calentarme con semejante información.

9 y 45:

Nada de nada, todos los vecinos se pasean zombis a la espera, nadie fue a trabajar. Expectativa.
Claudio que llega, dice que con la cámara analógica se puede, pero que se demora en poder revelar y escanear. Aun no consigo la maldita cámara, tratar de convencerlo de que vaya a buscarla, despertar a Lía para pedirle que venga con la de ella, llamar a Yoani. Esperar.

10:00:

La mamá de Lía se niega a despertarla, nadie quiere ir a casa de Yoani, la desidia ya empezó.
Estoy revisando la libreta de teléfonos a ver qué alma caritativa aparece, que viva cerca y que me preste una cámara.

12:44:

Ambiente relajado, Claudio no para de hacer chistes. Ahora dice que debemos prepararnos psicológicamente para que se lleven el refrigerador ruso a las 6 de la tarde y traigan el otro a las 12 de la noche, con suerte.

13:06:

Lía sigue durmiendo.

20:00:

Me voy para el cine.
A la salida veo unos camiones, corro para la casa, en efecto, están trayendo unos refris, pero no son los míos.
Parece ser que los traen mañana.

Sábado, 8:45:

Dicen que los traen hoy entre las 9 y las 9 y media.

9:53:

Los que manejan los camiones son unos campesinos, parece ser que se han ido para su casa y que no volverán hoy. Quizás vengan el lunes.

16:15:

Suspendido el ensayo de PPR por razones obvias, y de paso suspendida también la fiesta del cumpleaños de Gorki.
No tengo correo.
No puedo postear.
Lía sigue durmiendo (es increíble).
Paro esta crónica aquí para continuarla cuando finalmente llegue el día en que traigan el refrigerador…