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lunes, 13 de septiembre de 2010
lunes, 22 de marzo de 2010
miércoles, 17 de febrero de 2010
lunes, 23 de noviembre de 2009
¿Quién está detrás de Rodney?

Tengo en este preciso instante enormes dudas sobre qué perfil deberían tomar mis palabras para narrar y declarar lo sucedido el pasado viernes 20 noviembre de 2009, en la algo ya caliente esquina de 23 y G. Quería recoger periodísticamente a través de mi cámara de video un duelo verbal que suponía y proponía, por sobre todas las cosas, el inicio de una conversación absolutamente pacífica entre dos personas: REINALDO ESCOBAR y el AGENTE RODNEY. El encuentro pretendía aclarar un caso de abuso y violencia ocurrido dos semanas antes- llevado a cabo por agentes de la cada vez más encubierta y subrepticia seguridad del estado- contra Yoani Sánchez, esposa de quien intentó, al menos, un ético encuentro para intercambiar palabras y criterios de variada índole.
Las dudas que acompañan mis palabras vienen también con miedos que intentaré diluir y controlar, con el único deseo de evadir la autocensura que impediría a cualquier lector llevarse la modesta verdad de lo recogido por mis sentidos. Fui un ciudadano más que participó en una actividad que se fue transformando en un extraño festival de trolls. Incluso cuando hayan intentado petrificarme con amenazas disfrazadas de dulces consejos para un futuro de oscuras libertades, advirtiéndome lo joven que estoy para meterme preso, y me han hasta preguntado qué tan dispuesto estoy a esto. Miedos que solo dejarán de ser lastres en la medida en que denuncie toda violación a los derechos más elementales propios y ajenos, para no tener que aguantarle la pata a ninguna vaca, y menos darle de soslayo un tímido y oscuro beso al matarife, ese que forra con sangre su delantal impecable. Y ahora al grano, que siempre estoy a riesgo de aburrir a cualquiera con mis extensos floreos.
Fui arrestado mientras filmaba la detención de Silvio Benítez (quien se mantuvo todo el tiempo al lado de Reinaldo Escobar mientras eran comprimidos por la horda enardecida) ya en los momentos finales de la actividad se me incautó, dentro del auto que me conducía a la unidad policial, la tarjeta de mi cámara de video. Contenía todas las imágenes que había tomado como documento histórico de los hechos, y que todavía hoy, día 22 no ha sido devuelta, violando impunemente el artículo 19 de la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” Parece que no saben que el gobierno de Cuba se dice un portentoso firmante de dicha declaración, por lo que sospecho que, o Raúl Castro no lo ha informado correctamente a sus subalternos para hacer cumplir lo anterior a cabalidad, o nos están aplastando este maravilloso acápite sin misericordia, con total impunidad y cagándose en la noticia. Raro proceder.
Incluyo la notificación verbal por parte del oficial o agente que atendió mi caso: “Tus imágenes serán devueltas”, aunque en los momentos finales se me informó que la memoria estaba extraviada por el momento, me pidió un voto de confianza y dijo que me avisaría telefónicamente para su devolución. Esperaré lo prometido y mi paciencia es, obligatoriamente, insuperable, aunque esté tantas veces teñida con cautos sarcasmos.
En cuanto llegué a la estación policial me aclararon que estaba allí retenido única y exclusivamente para protegerme de la reacción del pueblo enardecido, en franca pugna contra un minoritario grupo de personas que pedían conversar en igualdad de condiciones. Reynaldo Escobar y los pocos amigos que estuvieron con él hasta el final, eran catalogadas por el conjunto de trolls disfrazados de pueblo, como mercenarios, gusanos, contrarrevolucionarios, etc. ¿Qué extraño sector de pueblo es ese, que mezcla un acto de respuesta política con una estruendosa comparsa de guaracheros con farolas, trajes de ocasión y banda de música popular incluida? Comparsa diseñada para aplacar el sonido que debían recoger las cámaras y aparatos de audio, para hacer cuerpo y confundir el sentido del acto con su presencia en el encuadre de las imágenes, tanto de la prensa extranjera como de los periodistas oficiales e independientes que, como objetivo común, tenían todos el deber y el derecho de grabar y recoger los hechos. Tamaña calumnia contra el concepto de pueblo, también contra ese otro grupo que puedo llamar nosotros, los sin comparsa, los que por pensar y expresarse diferente deben estar, momentáneamente, excluidos de toda aceptación y respeto, y que irremediablemente forman parte de ese todo contradictorio que es Cuba.
Eso que los agentes del orden y la policía han decidido llamar PUEBLO, creo, no es una representación total del mismo. Ni creo que el real pueblo cubano tenga tradición de comportase de esa manera. Debo informar que en ningún momento sentí que esa masa estuviera a punto de violentar mi integridad física, aunque sí la de algunas personas que fueron golpeadas, drásticamente empujadas y arrinconadas. Compartí con ellas en la estación policial miradas y apretones de manos ya que nos prohibieron hablar entre nosotros y se les privó de hacer uso de sus teléfonos celulares. Estas medidas prohibitorias, aplicadas sobre “personas protegidas” de una masa un tanto extremista en su conducta, no creo sean orgánicas con relación al trato hosco del que fuimos víctimas en aquella unidad. Es una total lástima que se hayan perdido las imágenes que capturó mi lente, darían muestras de esto a plenitud. Ojalá otras cámaras tengan material que revelen parte de lo acontecido.
Mientras toda la turba rodeaba y casi asfixiaba a Reinaldo Escobar y amigos que se aferraban entre sí para, precariamente, protegerse unos a otros, podíamos ver como parte de la policía nacional revolucionaria, apostada por toda la avenida en pequeños grupos de a dos, tres, cuatro y hasta mayor número, contemplaban la evidente reyerta de agresivos gritos y maneras sin tomar parte. Parecía leerse que las órdenes previas incluían ese hacerse el de la vista gorda con un sector del pueblo del que precisamente se espera, y se le perdonará por parte de las fuerzas represivas, una actitud igualmente represiva, con una total incapacidad para escuchar antes de tomar determinaciones violentas y conformarse un criterio. Ese sector de pueblo que si comete una atrocidad, no será castigado o recriminado, más bien justificado luego como algo que ocurrió: lamentable pero necesario. Como cuando en los años 80 con las salidas migratorias a través del puerto del Mariel, el pueblo azuzado por ya todos saben quien, masacraba con mítines de repudio, huevazos, exclusiones laborales y golpes a quienes decidían marcharse, mientras nuestras fuerzas del orden nunca emitieron una denuncia contra este tipo de acciones ni se les llamó a la cordura y al respeto.
El viernes, como Claudia Cadelo y muchos otros, conocí la ola de terror, lo caro que puede costar la libertad de pensamiento y su orgánica expresión directa. He conocido también que los individuos tienen aunque sea un mínimo poder cuando los amparan justicias naturales, ese poder de no saberse solos, de tener algo que decir y el estar dispuestos a soltarlo por cualquier medio o canal posible. Hoy he reafirmado más que nunca, que toda decisión o idea tiene un altísimo precio y quieras o no, tendrás que pagar en una u otra moneda. La vida siempre nos gana aun cuando en ella se nos contemplen variados éxitos.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
Gozadas violaciones desde el real absurdo cincuenta
Foto: Claudia Cadelo
Texto: Claudio Fuentes Madan
Prefiero más bien considerar los hechos acontecidos que describirlos meramente y hablar un poco sobre las causas que nos llevaron a su intento. Estando en casa de Claudia Cadelo hace hoy más o menos una semana, me encuentro con su preocupación sobre el caso de Antúnez, en el que ella se debatía en una mezcla de contradictorias valoraciones y pugna de sentimientos encontrados. Me comentaba los puntos o estatutos que este señor defiende y exige al gobierno cubano bajo una huelga de hambre comenzada por él mismo, hace aproximadamente un mes y algo según la poca información que teníamos al respecto. Claudia me decía que la noticia sobre el precario estado de su salud no estaba conmoviendo a nadie o a muy pocos y además, consideraba algo morboso que si le sucediera algo a los Porno Para Ricardo o a Yoani Sánchez, por ejemplo, entonces si se armaba el escándalo mediático, pero en el caso Antúnez, no estaba ocurriendo algo similar. Recuerdo que dentro de las cosas que hablamos, llegamos a un acuerdo de ideas: las disímiles personas que esperan y pretenden cambios en Cuba, esas que cuestionan leyes y medidas del gobierno cincuentón, esas que en muchísimas ocasiones por sus ideas han recibido todo tipo de represiones, acosos y violaciones a sus derechos ciudadanos más elementales, no pensamos de la misma manera en nuestros análisis sobre los métodos o maneras de enfrentar la misma situación de aberrantes carencias, en la que se encuentra la mayoría. Pero amén de los desacuerdos por las estrategias tomadas, existe un magnífico punto de coincidencia: todos queremos diversas archiconocidas libertades, de las cuales no hablaré, y cada día son más los que no sólo desde fuera de Cuba sino desde las entrañas mismas del escaso barbudo, se enfrentan desde su valentía personal, aun por supuesto con el riesgo de los errores que sobre la marcha irán aconteciendo.
Claudia me miraba y repetía que nadie estaba haciendo nada, que ella misma no estaba haciendo nada. De alguna manera yo estaba internamente en situación similar, así que para eliminar esa extraña sensación de ausencia, en la que sabía muy bien que todos éramos parte de esa masa llamada ahora por Claudia NADIE, espeté como quien no quiere la cosa: por qué no vamos para allá, directamente a la fuente del problema, de paso conocemos Placetas y nos empapamos de primera mano, hablaríamos con Antúnez, discutiríamos nuestros puntos de vista, etc., podemos hacerle un reportaje. Yo recordaba un estupendo artículo de Reinaldo Escobar titulado, si mal no recuerdo, “el problema, mi problema”, que leí en su blog Desde Aquí. Claudia de pronto dejó de boquear, estuvo tranquila y sin pestañeos asintió.
Cuatro días más tarde Ciro Javier Díaz y el que escribe, partieron hacia allá pagándose el pasaje con su propio dinero y el sabor de romper nuestras rutinas del momento con la dichosa aventura. Apenas 20 minutos más tarde a nuestra llegada, sobre las 11 y algo de la mañana del lunes 23 marzo del 2009, a unos metros de la supuesta esquina de la casa de Antúnez, un carro patrullero nos acogió con la cierta violencia habitual en estos casos, trasladándonos a la estación policial para las consabidas investigaciones. Fuimos liberados al día siguiente, martes 24, en que nos montaron en un auto y nos trajeron hasta la terminal de ómnibus urbanos de Ciudad de la Habana sin cargos, acusaciones ni explicaciones posteriores, fueron devueltas nuestras pertenencias: mis cámaras, bolsos, carnés e incluso unos CDs de Porno Para Ricardo y La Babosa Azul que Ciro llevaba como presente para Antúnez.
Y ahora, compañeros, como colofón, la lista de las violaciones que los represores de este caso trivial y no tan trágico en apariencia, han cometido en pleno ejercicio de sus rutinas a tiempo completo:
1-La imposibilidad de deambular libremente por cualquier zona o región de este territorio nacional y soberano. Es evidente que entonces la nación es solo disfrutada, abarcada por sus controladores, y esta experiencia nuestra, reafirma las sospechas de que los ciudadanos sin cargos en el gobierno o relacionados con este, somos confinados a una regionalidad cada vez más precisa y reducida.
2-Fuimos privados del derecho a realizar una llamada telefónica mientras permanecíamos en calidad de detenidos. Cuando preguntamos si esto era posible, el oficial a cargo indagó en cuál era el objetivo de nuestra petición, si con ella pretendíamos avisar de nuestra situación a familiares y amigos. Al recibir la contestación lógica y afirmativa de nuestras gargantas, comenzó a reír con sarcasmo y nos preguntó que cómo se nos ocurría semejante idea, que saldríamos en breve… salimos al día siguiente. Al menos no tuvimos que pagarnos el pasaje de regreso, de eso se encargó la Seguridad de este Descarado Estado de Sitio.
3-Machacaron el simple derecho y libertad de reunión con quien se estime, el derecho ciudadano de informarse libremente por la vía que nos de la gana, y la potestad de difundir luego nuestros pareceres al respecto, aunque esto último cada vez se les hace por suerte, más escabroso, rabioso y difícil. El poco Internet que logremos aruñar también servirá para denunciarles y expresarnos.
4-Horas después de haber sido devueltas las cámaras fotográficas, me percaté de que habían borrado las fotos que contenía una de ellas, la digital compacta. Las fotos que allí estaban podían verse con entera facilidad en la pantalla de la misma y eran imágenes y recuerdos personales que nada tenían que ver con lo acontecido. Entiendo que ese sea el modus operandi violatorio y obligatorio para estos casos, donde se evidencia que son ellos los que tienen el terrible miedo por la indagación de comunes ciudadanos, donde queda claro que son los controladores quienes tienen que esconder sus barbáricas acciones, y se enfurecen bajo el respaldo de una autoridad abusiva con cualquier intento de real periodismo. No obstante quiero que a ellos les quede clarito que no esperábamos otro accionar de su parte, siempre con su ritual de maltratos y manipulaciones. Entendemos que no tengan la posibilidad de otros métodos, siempre los mismos y dogmáticos. Realmente comprendo y compadezco con ironía y sin ella, que actúen desde la misma jaula de comportamiento. Solo así mantienen sus rapaces ambiciones y poderío cada vez más pobre y ausentes de argumentos, por lo que también espero que me perdonen este sutil cagarme en la vísceras de todos ellos y brindarles además, mi más sincera lástima por contribuir y llevar tan penosa carga de maldad.
PD- Ya hoy es jueves y ahora es que termino este escrito, no sólo por una ligera, real y habitual vagancia que generalmente me acompaña en mis actividades intelectuales, sino porque además de todo, cuando comenzaba las primeras líneas ayer miércoles 25, me entero que Orlando Luis Pardo Lazo tenía una citación para las tres de la tarde en la estación de policía de Lawton. Lo esperaban afuera su novia, Claudia y Lía, así que decidí sumarme al groso bastión. Salió como a las ocho de la noche en un estado de indescriptible mezcla y decidimos todos juntos continuar la noche, analizando el nuevo violatorio caso. Podrá parecerles raro pero yo sigo disfrutando con esa extraña plenitud del presente todo lo que sucede, y me precio de tener a mi lado a personas de las que aprendo mientras les disfruto infinitamente, desde el silencio que siempre me queda mientras me río por alguna cosa.
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