viernes, 30 de enero de 2009

A 50 veces de lo mismo

Texto: La Salamandra Blanca

Pareciera que en Cuba en vez de motivo de alegría el celebrar y esperar todo lo que pudiera traer el Nuevo Año, la llegada de cada enero es sólo el arribo de la pretendida celebración del ya tremendamente viejo Triunfo de la Revolución. Con este motivo siempre se llena la prensa de “lo mismo”. Ha salido hace poco una revista Bohemia Edición Especial con motivo del 50 Aniversario con artículos publicados en el año 1959. En general y como siempre, aún hoy, hablan de los horrores de la dictadura derrocada ese año y todo aquello que “no podemos olvidar” (¿Pero cómo, si todos los años, uno tras otro, nos recuerdan lo mismo por más horroroso que sea?)

El caso es que hay unas dos páginas con “Frases para la Historia”, por supuesto de la “Estrella de aquel momento”, con muchas fotos de él. Hay algunas de estas frases que me gustaría repetir aquí, a ver qué les parecen hoy con el tránsito del tiempo por ellas:

… “Esta guerra la ha ganado el pueblo. Y lo digo por si alguno cree que la ha ganado él. La revolución a quien le interesa es al pueblo...”
¿Quién será el que en algún momento se creyó que la ganó y se interesó en mantener tanto tiempo bajo su mando y autoridad absoluta a todo el pueblo?

…“Creo que este pueblo tiene los mismos derechos que otros pueblos a gobernarse, a trazarse su propio destino.”
…¿Y desde entonces…? Hace rato es hora de que dejen que el pueblo se trace un destino nuevo, sería bueno dejar de vivir a través de lo que otro trazó para sí mismo y lo hizo extensivo a todos.

… “Donde hay justicia no hay crimen, y donde hay crimen no hay libertad de prensa; donde hay crimen se oculta lo que se hace.”
….¿Libertad de prensa?... ¿Qué es eso…aquí hay?

“Este pueblo no es pueblo bárbaro, ni es un pueblo criminal. Este es el pueblo más noble y más sensible de todos.”
…¡Coño, por qué tantas ganas de joderlo entonces…!

9 comentarios:

  1. Traicionero, mentiroso, pandillero
    LA HIENA DE BIRAN

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  2. se acuerdan cuando Zakk de la Rocha cantaba 'Fuck U I won't do what U tell me! 'Fuck U I won't do what U tell me! MOTHERFUCKER!!! UGHH!!! dedicado a LA HIENA de BIRAN.
    cunagua

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  3. NO VOLVERAN
    NO VOLVERAS
    HIENA DE BIRAN!
    chon, chon, chon, chon
    punteo...
    cunagua

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  4. Ya me esperaba que publicaran algún facsímil de la "Edición de la Libertad" de Bohemia. Yo tengo en mi colección los dos primeros números que salieron tras la caída de Batista (Año 51, Nºs 2 y 3). El primero es el que lleva la portada reproducida en la del "50 Aniversario". Habrá que ver si en esta reedición sacan las fotografías de los ejecutados, como Alejandro García Olayón, Cornelio Rodríguez, los del SIM, etc., o el segundo editorial del primer número, titulado "CONTRA EL COMUNISMO".

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  5. juanito el caminante30 de enero de 2009, 16:17

    coñooooo la foto del caballo aqui en primera plana jajajaja que bien ese tipo es un salvaje dale fifo que tu ere el que eres el poder del pueblo eso si es poder y la otra y la otra un mundo mejor es posible ahiiiii eres un animal una bestia.

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  6. Claudita este te quedó sencillamente fuera de serie, te felicitio de todo corazón!

    Juanca

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  7. Incluso si los Castro hubieran sido buenos gobernantes, lo cual no han sido, ya repugna tanto de la misma cantaleta. Hasta la carne de res a diario repugna.Ya necesitamos un cambio. La direccion geriatrica de Cuba no tiene soluciones para los problemas de la Cuba de hoy que ya son muchos. Denle pasos a las nuevas generaciones. No se daran cuenta de que son un cancer? Como alguien ya dijo hace tiempo el poder absoluto corrompe absolutamente....

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  8. Modificaciones: Antes "pueblo", ahora "población". Tampoco explican que, el susodicho "triunfo" (no sé de qué), se lo deben, entre otras cosas a Revistas como Bohemia. Por cierto, por si no lo saben, Miguel Ángel Quevedo, heredó de su padre la revista. La hizo extremadamente popular. (Sobre todo con la portada de la muerte de Chibás). Terminó suicidándose en Venezuela, y en la nota que dejó escrita, finalizaba: " Me mato porque F. Castro me engañó". Es obvio y constatable, que no fue la única víctima del engaño de CIRCE-LA MALA. A propósito. Hay que hablar ya de tal personaje en pasado. Ya no está vivo. ¡Con lo del fotoshop .... se han descubierto!
    Saludos.

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  9. Por si queda alguna duda, aquí está la carta del suicida.


    Sr. Ernesto Montaner
    Miami,
    Florida

    12 de agosto de 1969

    Querido Ernesto:

    Cuando recibas esta carta ya te habrás enterado por la radio de la noticia de mi muerte. Ya me habré suicidado —¡al fin!— sin que nadie pudiera impedírmelo, como me lo impidieron tú y Agustín Alles el 21 de enero de 1965.

    Sé que después de muerto llevarán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como «el único culpable» de la desgracia de Cuba. Y no niego mis errores ni mi culpabilidad; lo que sí niego es que fuera «el único culpable». Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado de responsabilidad.

    Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe. vestían el odioso uniforme que no se quitaban nunca. No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que compraba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

    Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas que conociendo la hoja de Fidel, su participación en el Bogotazo Comunista, el asesinato de Manolo Castro y su conducta gansteril en la Universidad de la Habana, pedíamos una amnistía para él y sus cómplices en el asalto al Cuartel Moncada, cuando se encontraba en prisión.

    Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía. Los comentaristas de radio y televisión que la colmaron de elogios. Y la chusma que la aplaudió delirantemente en las graderías del Congreso de la República.

    Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a Bohemia cuando inventó «los veinte mil muertos». Invención diabólica del dipsómano Enriquito de la Osa, que sabía que Bohemia era un eco de la calle, pero que también la calle se hacía eco de lo que publicaba Bohemia.

    Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los miles de traidores que se vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocuparon más del contrabando y del robo que de las acciones de la Sierra Maestra. Fueron culpables los curas de sotanas rojas que mandaban a los jóvenes para la Sierra a servir a Castro y sus guerrilleros. Y el clero, oficialmente, que respaldaba a la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas, conminando al Gobierno a entregar el poder.

    Fue culpable Estados Unidos de América, que incautó las armas destinadas a las fuerzas armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros.

    Y fue culpable el State Department, que respaldó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba.

    Fueron culpables el Gobierno y su oposición, cuando el diálogo cívico, por no ceder y llegar a un acuerdo decoroso, pacífico y patriótico. Los infiltrados por Fidel en aquella gestión para sabotearla y hacerla fracasar como lo hicieron.

    Fueron culpables los políticos abstencionistas, que cerraron las puertas a todos los cambios electoralistas. Y los periódicos que como Bohemia, le hicieron el juego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones.

    Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes. Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro, que nos faltaba por aprender la lección increíble y amarga: que los más «virtuosos» y los más «honrados» eran los pobres.

    Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en días muy difíciles. Como Rómulo Betancourt, Figueres, Muñoz Marín. Los titanes de esa «Izquierda Democrática» que tan poco tiene de «democrática» y tanto de «izquierda». Todos deshumanizados y fríos me abandonaron en la caída. Cuando se convencieron de que yo era anticomunista, me demostraron que ellos eran antiquevedistas. Son los presuntos fundadores del Tercer Mundo. El mundo de Mao Tse Tung.

    Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que los que pueden aprendan la lección. Y los periódicos y los periodistas no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación, o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie esos voceros de odio, cuyas frutas hemos visto que no podían ser más amargas.

    Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos éramos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Nuñez de Arce cuando dijo:

    Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano.

    Adiós. Éste es mi último adiós. Y dile a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho, para que me perdonen todo el mal que he hecho.

    Miguel Ángel Quevedo

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