jueves, 18 de agosto de 2011

martes, 19 de julio de 2011

Largas vacaciones y mi primer cuento

terreno
Foto: Claudio Fuentes Madan
Llevo semanas de debate conmigo misma sobre tomarme seriamente un descanso de Octavo Cerco. No me quiero poner melodramática pero resulta sorprendente cómo lo que empezó como un ejercicio de libertad personal se me ha ido transformando en una tremenda responsabilidad. No me gusta que sea así. Quiero escribir porque necesito mi cable a tierra y no porque llevo una semana sin publicar.

Terminado mi debate personal, he llegado a la elemental conclusión de que es hora de descansar. Entre el gobierno, el verano y la isla casi pierdo la calma la semana pasada. No puede ser. Voy a dormir 12 horas diarias y a tratar de dejar de fumar, voy a descansar del Noticiero Nacional de Televisión y del Periódico Granma (estas dos últimas medidas me son imperativas) y voy a terminar mi segundo cuento.

Mientras tanto pido disculpas y comprensión a todos (los trolls y demás alimañas de la red: no se chupen los dedos, sólo es un descansito) y les dejo Pavimento, mi primer cuentecito, publicado en el número 8 de la revista Voces, bajo el seudónimo de Dalila Douceca.
PAVIMENTO - Voces 8

sábado, 2 de julio de 2011

Dame luz

vista

Tan acostumbrada estoy a la falta de información en nuestros medios que cuando escucho una noticia, no ya de actualidad nacional o internacional –que no se puede pedir tanto– sino algo tan simple y útil como las reparaciones que ocasionarán cortes eléctricos o escases de agua potable en determinadas zonas de la ciudad, me sorprendo. Aclaro, de paso, que este tipo de información –altamente ventajosa para facilitarle la vida a los ciudadanos– sólo es emitida por el canal Habana. Lamentablemente desde mi casa no logro sincronizarlo y estoy obligada a verlo cuando estoy en casa de amigos.

Hace unas semanas escuché por primera vez en el noticiero una detallada explicación sobre la falta de agua que sufriríamos los habitantes de La Habana, sobre todo en los barrios céntricos y por supuesto en el Vedado, donde vivo yo. Hasta me puse contenta, porque tan mal nos han tratado siempre que el hecho de anunciar la falta de agua potable durante una determinada cantidad de horas se agradece. De manera general te levantas un día por la mañana y no tienes gas, o agua, o electricidad, y no sabes por qué, con suerte te enteras, varias horas después, de la causa de la falta.

Me preparé, obviamente, para el día siguiente y llené mis reservas: cubitos y pomos plásticos adornaron mi cocina y mi baño para soportar de la mejor manera posible la ausencia del líquido vital. Sin embargo al amanecer me sorprendió encontrar agua en la pila, y a media mañana –que nadie se crea que en Cuba uno deja de sorprenderse– se fue la luz y no regresó hasta la madrugada del día siguiente. No logré enterarme de la causa del corte eléctrico, supongo que no sean las mismas reparaciones que supuestamente me privarían del agua. En fin, ya ni siquiera lamento no poder escuchar las informaciones concernientes a las faltas que nos tocan, prefiero el desconcierto a cargar cubos cuando debo comprar velas.

martes, 21 de junio de 2011

¿Qué más se puede pedir?

congreso2
Imagenes: Garrincha

Por: Boris González Arenas

Pronto vamos a tener
según nuestro presidente
mandatos de cinco años
y una prórroga pendiente.


Lo dijo Raúl después
de meditar frente a un caño
“hay que hacer cambios urgentes,
¿bastarán doscientos años?”


Mi tío en Carlos III,
de esclavos un descendiente,
hizo un gestico seguro
de que esto pica y se extiende.


viernes29

“Es difícil predecir
cuándo se hartan los patrones
o cuándo a un pueblo dormido
se le hinchan los cojones”




“Aumentarán las covachas
pulularán arrabales
y miles de disidentes
juzgados por criminales”


“A los tanques del desfile
les han retirado esteras
y puesto gomas modernas,
la guerra será en la acera”


Un grupo que filosofa
no entiende tanta falacia
por ello le ha puesto nombre
la ha llamado coprocracia


Entre que el palo va y viene
yo me tomo mi café
con chícharos y frijoles
van a dejarme sin él


¿Y al final de todo esto
-se pregunta este poeta-
por qué ranura sagrada
les metemos la boleta?

martes, 14 de junio de 2011

Hábitos

telelia
Foto: Lía Villares
Cada cual tiene sus majaderías, sus apegos, sus momentos de relax. Hay quienes ven tres telenovelas simultáneamente, otros pasan gran parte del día pegados al auricular del teléfono y muchos –me consta- darían un ojo de la cara por estar conectados a la red de redes veinticuatro horas, estos últimos sufren de un mal llamado “fatalidad geográfica”. Por mi parte, no me gustan las telenovelas, no tengo tiempo para hablar por teléfono y por supuesto, aunque quisiera, Internet es una especie de amor imposible y platónico que anhelo desde hace varios años. Sin embargo, planifico puntillosa mis domingos. Como dice mi madre “llueva, truene o relampaguee” a las nueve y treinta minutos de la noche caigo sentada delante del televisor para ver la única serie que me interesa: CSI en la escena del crimen. Me da lo mismo si es en New York o en Las Vegas, soy una fan indiscutible.

El domingo pasado, con cinco minutos de retraso y la cara compungida por haberme perdido la presentación, encendí la pantalla. Me gusta todo: la música, el guión, los personajes y la tecnología que usan. ¿Qué expresión no habré puesto –una pena haber estado sola- cuando en vez de escuchar el tema de U2 The Who que da inicio a cada capítulo, combinado con una edición trepidante, me encuentro unas imágenes en sepia y un policía cubano -tonfa incluida- en la pantalla? En el mismo horario y en el mismo canal decidieron cambiar CSI por Tras la Huella, una patética serie producida por el Ministerio del Interior, con derechos reservados y todo.

Más allá de decepcionar a todos los televidentes -porque la diferencia entre la calidad de ambos programas sería, digamos, la misma que hay entre la playita de dieciséis y Varadero- hay que ser inconsciente de sus propias limitaciones. Incluso podría abanderarse alguien a la frase martiana “Nuestro vino es amargo pero es nuestro vino” (me gusta hacer el chiste nuestro vino es amargo hay que importarlo) sin embargo la humildad también es un ejercicio de inteligencia y obviamente, una de las virtudes de las que carece el MININT.

viernes, 10 de junio de 2011

Flotando en la nada

cocoagua
Foto: Yoani Sánchez

No tengo ganas de escribir. Me disciplino. Desde que supe que Coco Fariñas está en huelga de hambre me he quedado flotando por encima de la ciudad. Ni siquiera lo he llamado por teléfono y sólo ayer atiné a mandarle un mensaje. Soy cobarde. Quisiera equivocarme, pero siento que en el Comité Central del Partido Comunista hay guardada una botella del mejor champán para saltarle el corcho si se muere.

Me paso las noches frente al televisor. Alterno entre “Boarding Home” de Guillermo Rosales y la cosecha de papa. A veces tengo la impresión de que mi vida es uno de los sueños de William Figueras, donde siempre estaba Fidel Castro. Cambio de canal obsesivamente pero siempre llego al Noticiero o a la Mesa Redonda. Entre Machado Ventura diciendo que hay que acabar con las viviendas ilegales en las zonas reservadas (¿reservadas para qué, me pregunto?) y una publicidad sobre la agricultura semi-mecanizada (es decir un guajiro con una yunta de buey) no me aguanto la náusea.

Presiento las declaraciones de los médicos -el cinismo y la doble moral amparados en el miedo- declaraciones falsas sobre la condición del paciente, la cuenta de gastos de la sala de cuidados intensivos, las mentiras sobre un pasado de delincuencia, en fin, el linchamiento mediático. Nos imagino tan pequeños frente al muro que a veces me falta el aire. Todos los días en la calle alguien me dice falta poco y me hace un chiste, es lo único que me da fuerzas para seguir aquí.

viernes, 3 de junio de 2011

La carrera

auto
Foto: Leandro Feal
Corría 1990 y él tenía siete años. El mundo, aunque no perfecto, era inocente y juguetón. Sus padres eran médicos, trabajaban por el día y por la noche y sobrevivían más mal que bien aquellos duros años del comienzo del período especial. Mucho se nos ha criticado a los hijos únicos la personalidad que en la adultez desarrollamos y él, hijo único al fin, disfrutaba todo el amor y la malacrianza en la casa. Por las mañanas mamá preparaba el desayuno y lo llevaba a la cama, papá ajustaba la sillita de la bicicleta china modelo veintiocho y aún con el rocío de la mañana en la hierba salían para la escuela él y para el hospital el otro.

Por las noches alternaban la compañía en dependencia de las guardias: con mamá se leían cuentos y con papá se jugaba por el suelo. Algunas madrugadas se espabilaba al escuchar el ruido de la cerradura y ver llegar a uno de los padres con su bata blanca y su bici a cuestas. Otras veces se tiraba de la cama al amanecer para darle el beso pendiente de buenas noches al que llegó pasadas las tres de la mañana.

Una noche el padre no llegó. Casi al amanecer recibieron una llamada del hospital: había muerto. Es difícil asumir la muerte a los siete años, pero aún peor es conocer la historia de un fallecimiento absurdo. Resultó que papá regresaba en su bicicleta por 26 mientras unos muchachos, ajenos al desmoronamiento de la economía cubana, corrían los Ladas de sus padres por la avenida. A velocidad de carrera de autos le pasaron por arriba al hombre que había pasado la noche salvando vidas. La defunción fue rápida.

Los culpables fueron a juicio -¡oh, sí!- salvo un pequeño detalle: salieron absueltos de todos los cargos y con licencia de conducir y todo. Quizás no fueran hijos únicos, pero sus padres se habían dado a la tarea de malcriarlos y complacerlos al punto de convertirlos en Los Hijos, los intocables, los que de hecho pueden hacer sonar sus correrías por toda la isla y nunca pagarán por nada. La gente los llama “hijos de papá”, y si comparo, el mito del hijo único se queda chiquito.

lunes, 30 de mayo de 2011

Voces 8

Voces 8

martes, 24 de mayo de 2011

La Habana – Nueva York

DDTI-19
El Guamá
La conocí en el 2004, teníamos una conocida en común, vecina mía. Se pasaba la vida en las discotecas y los conciertos, siempre con muchachos en carro que la venían a recoger. Me caía bien, era divertida. Por las tardes cuando se levantaba iba a veces a tomar café a mi casa. Con los padres en el extranjero, vivía sin trabajar y aunque a veces andaba corta de dinero, las salidas nocturnas no se afectaban porque para eso los hombres pagaban.

El azar que nos puso un día en el mismo barrio nos separó. Durante años no tuve noticias suyas y pensé, como es normal en esta isla, que se había ido del país. Hace poco nos encontramos y comprobé que tenía razón, ahora vive en Nueva York y viene a Cuba de vacaciones. No sé cómo se fue, los cubanos se las agencian de tantas maneras para salir huyendo de esta tierra que ya ni me tomo el trabajo de indagar, pues las historias pueden ser cómicas, pero también muy tristes y siniestras. Además, ando un poco sensible con el tema de la emigración, me pregunto quién estará a mi lado dentro de diez años, cuando ya todos mis amigos se hayan ido.

En el rato que compartimos me contó que allá trabajaba mucho, y que de manera general, se consideraba una comunista. ¿Comunista? – exclamé- si eras tremenda gusana. ¿Qué te ha sucedido? –El sistema de Estados Unidos – sentenció- es inhumano, aquí es mejor, más humano. La miré boquiabierta, no le gusta el nuevo país en el que vive porque tiene que trabajar, en Cuba no lo hacía porque alguien la mantenía. ¿Por qué justifica con política su propia incapacidad productiva? – No estoy de acuerdo contigo –contesté tratando de aguantarme la pasión que me invade cuando la gente viene de la democracia a contarme cuentos de hadas sobre la dictadura- mucha gente no trabaja, es cierto, porque el salario es “inhumano” y a nadie le interesa partirse el lomo de gratis. Sin embargo me parece muy bien que para ganarte el pan tengas que trabajar, es lo normal. -Al cubano no le gusta trabajar -me ripostó y entonces supe que porque a ella no le gusta trabajar considera que al resto del pueblo tampoco. ¡Vaya capacidad de generalización!

Antes de separarnos me comentó que tenía una operación pendiente, supuse que sería en Cuba, ya que es tan humano este gobierno que tenemos. Cuál no habrá sido mi sorpresa al escucharla exclamar: ¡No, me opero allá!

sábado, 21 de mayo de 2011

Un número en la estadística

dieta-de-embarazada
E. tiene 38 años y está embarazada. Se siente un número más en la estadística. El otro día me llamó cuando salió del policlínico para venir a visitarme. No podía más. La mitad de los análisis no se los pudo hacer porque no había reactivo, sin embargo el papelito de la orden se lo devolvieron embarrado de sangre ajena. Levantada desde las cinco de la mañana, a las diez aún no había desayunado y para colmo el médico le preguntó “Mijita, ¿y tú por qué esperaste tanto para parir? Ahora te tengo que hacer un electrocardiograma.”
 
Lo primero que me dijo al verme fue “Yo pensé que la educación estaba mal, pero ahora que choco con salud pública…”. E. es como yo, chiquitica y mucho más delgada. Antes de la barriga pesaba 89 libras y ahora con dos meses pesa 113 y tiene 12,5 de hemoglobina. Sin embargo la nutricionista considera que está bajo peso y ha recomendado “ingreso en el hogar materno”. Le entregó la fotocopia de una dieta para que la cumpla al pie de la letra. Cuando me la enseñó me empecé a reír pero a ella no le hace ninguna gracia. Tiene que levantarse a las siete de la mañana para desayunar y esa primera comida del día incluye una cucharada de mayonesa, cuyas propiedades nutritivas me son desconocidas. A lo largo del día debe cumplir la norma de seis espumaderas de arroz y dos cucharones de frijoles (la mitad en el almuerzo y la otra en la comida, todos los días hasta que nazca el bebé). Las carnes no están definidas por cantidades y debe ingerir media taza diaria de mermelada de guayaba.

Me pregunto si el fin de la dieta es nutrir o engordar. Probablemente la doctora no está autorizada a recomendar comer ciertos productos como carne de res o mucho pescado, pero al menos debería tener la decencia de no ponerle a las embarazadas dietas dignas de pavos en ceba para hacer foi gras. Ante el tan esperado “¿Cómo te sientes?” del psicólogo, E. respondió “Bien, pero me sentiría mejor si no tuviera que venir más a este policlínico”.

martes, 17 de mayo de 2011

Un día en el extranjero

cartera
Foto: Leandro Feal
Llegó a Cuba enamorada de la Revolución, a finales de los setenta. Se casó con un general y se instaló en la isla paraíso, para hacer sus sueños realidad. Se codeó siempre con gente de altura, la llamada nomenklatura, y vivió los últimos treinta años como una princesa. La perestroika, la glasnost, la caída del Muro de Berlín y luego el derrumbamiento del bloque socialista le llegaron como ecos de la lejana Europa, que ella sabiamente había dejado atrás. Desde su casa en Siboney escuchó la letanía del Período Especial, pero cuando manejaba el Lada por Quinta Avenida, las cosas no se veían tan mal. Aunque se le iba poco la luz compró una planta eléctrica y, como siempre, su esposo abastecía la bodega del hogar con productos de importación. Los mismos de siempre.

Había hecho algunas amigas, casi todas del Partido Comunista. Sin embargo a principios de los 2000 pocas quedaban en Cuba y todas habían renunciado a sus cargos políticos y al Partido. Nunca la política había sido un tema entre ellas, pero la comida sí, y las cremas, la playa y la buena vida. Poco a poco la necesidad se apoderó de los diálogos: ¿A quién le importaba el mar azul y la arena blanca de Varadero si no había un huevo para poner en la mesa? Pero ese animal de la discordia, la bestia política, no la iba a dejar sola.

Un día decidió regalarle a sus amigas un día especial: playa, restaurante y hotel. Salieron desde por la mañana y regresaron tarde en la noche. Cuando se bajaron del carro una de ellas le dijo satisfecha: ¡Gracias por este maravilloso día en el extranjero! Fue la última vez que se vieron.

domingo, 15 de mayo de 2011

lunes, 9 de mayo de 2011

El Estudiante

carne
Foto: Claudio Fuentes Madan
¿Qué hago para narrar el horror? La última imagen que tengo de Juan Wilfredo Soto García es a mi lado correteando bajo el sol implacable de Santa Clara. Tratábamos obtener un autorizo del Obispo para que un Padre Dominico -que había atravesado medio mundo para llegar a Cuba- pudiera entrar a ver a Guillermo Fariñas a Terapia Intensiva en el horario establecido para la visita. En la iglesia nos dijeron que era la Seguridad del Estado la encargada de dar permisos, en la Seguridad del Estado nos dijeron que era el Obispo.

Ahora miro la foto del Estudiante en Penúltimos Días y no lo reconozco. Debe ser que me niego a aceptar que lo han matado a golpes. Debe ser que no puedo asumir que la hora del horror ha llegado a esta isla. Debe ser que no tengo capacidad para mirar de frente a la muerte, al asesinato. Y me pregunto –es la incertidumbre obvia del racionalismo- cuántos Wilfredos hubo antes y cuántos faltan por venir. Sentado en un parque, delito incomprensible, cayó sobre su cuerpo el peso descomunal de medio siglo de impunidad en los cuerpos policiales.

Rostros anónimos de azul. Hace tiempo que el pueblo les teme más a ellos que a los ladrones, a los estafadores y a los delincuentes. “Llama a la policía” se ha convertido en la última carta de la baraja. Porque el final siempre es inesperado. Porque la justicia no llega con ellos. Porque no están ahí para cuidarnos sino para controlarnos a cualquier precio. Porque están corruptos y porque no tienen miedo de embarrarse las manos, si de todas maneras ya casi todos las tienen sucias.

¿Y qué vamos a pedirle a una Policía Nacional Revolucionaria que ha visto subirse en el carro del “nuevo” poderío estatal al antiguo Ministro de Salud, el “compañero” Balaguer, con su cola de veintiséis muertos de hambre y frío en el hospital psiquiátrico; que ha visto al gobierno en pleno justificar en la Televisión Nacional la muerte de un hombre en huelga de hambre? ¿Qué podemos pedirle a esa Policía salvo que no nos mate?

jueves, 5 de mayo de 2011

domingo, 1 de mayo de 2011

Los alientos de la Habana

sala
Foto: Claudio Fuentes Madan
Texto: Boris González Arenas

“… Cuba está entre el reducido número de países (…)
que cuentan con las condiciones para (…)
salir de la crisis sin traumas sociales…”
Raúl Castro Ruz
Discurso de clausura del VI congreso del Partido Comunista de Cuba, 
19 de abril de 2011.

Comparar una ciudad a un organismo vivo no es algo novedoso. Numerosas de las funciones cotidianas de una ciudad semejan funciones propias de organismos vivos. Pero las ciudades no son organismos vivos. Las habita la vida y esta las erige, las conforma el deambular de sus animales, sus plantas y, principalmente, los seres humanos.

Una ciudad sin seres humanos será siempre una ciudad abandonada, aunque los árboles crezcan en sus antiguos salones y los animales salvajes copulen en sus espacios otrora públicos, una ciudad abandonada es una ruina en una selva.

No importa el tiempo que lleve deshabitada. El siete de mayo de 1986 la ciudad de Prípiat no había cumplido veinticuatro horas de ser evacuada y ya era una ruina. La ciudad construida para los trabajadores de la central atómica de Chernóbil fue vaciada a menos de diez días de la explosión que elevó los niveles de radiación de toda Europa. El último residente llevaba en su despedida el cambio de condición de lo que era una ciudad y pasó a ser, con su salida, una ruina.

También una ciudad puede mostrar sus edificios en ruinas y estar habitada.

Una ruina habitada es una contradicción y casi siempre supone un estado transitorio. Es el trabajo de los habitantes el que levanta una ciudad, la conserva y la transforma. No es concebible que los seres humanos renuncien a lo que les es natural: empeñar su energía y su fuerza en crearse un entorno digno para sí y para los que le rodean. Sólo grandes accidentes históricos justifican las ruinas habitadas, el final de las guerras, cuando los que regresan a sus casas encuentran el trabajo de toda una vida deshecho por el fuego, el deterioro que sufren grandes ciudades, cuando pierden el protagonismo que las erige y dejan a sus habitantes con pocas opciones frente a los restos del esplendor.

La ciudad de Nuremberg, en Alemania, debió ser reconstruida casi totalmente después que los bombardeos aliados la destruyeron al final de la Segunda Guerra Mundial; la ciudad de Detroit, en Estados Unidos, enfrenta las consecuencias del desmonte de la gran industria automotriz que, en la primera mitad del siglo XX, hizo de ella la cuarta ciudad más importante del país y en las últimas décadas ha perdido casi la mitad de su población.

Es un momento de cambio en el que el ser humano deberá evaluar las condiciones nuevas y actuar para desarrollar el espacio que requiere para vivir. Pocas cosas justifican una existencia entre ruinas por un tiempo mayor y todas están asociadas al deterioro de lo que en los seres humanos es esencial. El oriundo de ese estado, para que de su interior no surja el brío y la estrategia de superación de su condición, para que no genere asociaciones y liderazgos propios de las situaciones críticas, por no estar muerto, tiene que estar sometido a una indigencia moral y material inmovilizante. Alguien que apenas pueda levantar la vista sin temor a que le perciban su orgullo, incapaz de mover sus músculos para que no sospechen su fuerza o de sostener su razonamiento y evitar así que lo marquen por su inteligencia.

Insuflar es el verbo con que se ha nombrado el acto de animar lo inerte. Supuestamente el Hombre recibió la vida como de un aliento y ello lo convirtió en un ser animado. Pero era un aliento transfronterizo y lo animado podía a su vez animar. De ahí que la ciudad sea tan semejante a un organismo que parece que vive. Es por ello que una ciudad destruida, con todos sus sistemas de abastecimiento, transportación, redes hidráulicas y eléctricas colapsados, puede ostentar la vida que contiene.

Porque la ciudad no es un organismo es que esto puede pasar. En la inmundicia una mujer puede concebir un hijo, alguien dar sepultura a un hermano y todos sentir esperanza frente a cualquier atisbo del cambio.
Hambreado, un niño puede descubrir el golpe de la gota de lluvia en el rostro, el agazaparse de las sombras en el amanecer o el espacio sin límite a que se abre frente al mar.

Burlada, mancillada, humillada, una mujer puede sentir la vibración de la vergüenza y como una heroína de mármol saltar del zoclo como de la rutina y echar por tierra aquello que condena a sus hijos a la emigración o la muerte.

Como en la vida, nada en una ruina habitada es lo que fue y también como en la vida nada es permanente. Lo importante es el aliento.

Rejas dejadas al arbitrio de la intemperie, arrancadas de sus espacios originales y readecuadas en espacios ajenos, paredes tiradas al suelo y sus ladrillos cotizados en el mercado siniestro, tejas, lozas, vigas, puertas, cristales, todo arrancado a los derrumbes de aquello que no aguantó. En la estrategia de la miseria el aliento vital es portentoso porque debe animar la muerte. El extranjero al que esta condición le es extraña, se sorprende al comprobar que un cuerpo descolorido puede acarrear tanta fuerza en semejante panorama, sabiendo además que el esfuerzo sólo conseguirá reproducir la condición del infeliz, mientras un cardumen de desajustados insiste en sostener el agobio del que no son víctimas.

Es la suerte de las ruinas vivas proteger a quienes las habitan y cuando ya no pueden hacer, derrumbarse y ofrecerse. Hasta el amor de los vivos encuentra semejanzas en la capacidad de entrega de las ciudades arruinadas.

martes, 26 de abril de 2011

Necesidades

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Imagen: Lázaro Saavedra
Desde aquella vez que en una de las sedes de la Universidad de la Habana levanté mi mano para preguntar una duda sobre las categorías necesidad vs casualidad del marxismo, el concepto me rodea. Creo haber llegado a la conclusión de que las necesidades humanas son lo bastantes complejas como para que los especialistas se abroguen el derecho de “suprimir” de nuestras vidas algunas de ellas.

Tenemos a Elaine, blogger cubana, que da por sentando que su abuelo no necesita Internet. Lamentablemente no es la única. El otro día una persona me aseguraba que para un campesino cubano la Internet no es prioritaria. ¿Qué es lo prioritario? Sin dudas en la Edad Media la electricidad no lo era y para el hombre del Cro-Magnon eso que hoy se llama “productos de primera necesidad” estaba ligeramente sobrecargado. ¿Por qué nos empeñamos en ponerle fronteras al bienestar humano? Me pregunto cuál es el problema de asumir el acceso a Internet como un derecho ciudadano en el siglo XXI. Si el campesino se conecta para hacer un estudio de mercado de los nuevos fertilizantes para la tierra o para chatear en un chico-busca-chica es intrascendental: lo trascendental es su derecho a tener acceso a la Red de Redes y lo que ello representa para su vida personal. Cualquier “suposición” sobre lo que el campesino debería hacer en Google o en el surco se llama control sobre el libre arbitro ajeno, la elección personal y la libertad individual.

Por supuesto que reducir los niveles de pobreza a nivel mundial es perentorio, pero sinceramente no veo la relación entre ello y el derecho de los cubanos a tener cuentas privadas de acceso a Internet. La desigualdad social del mundo no justifica que Raúl Castro haya decidido que yo no puedo abrir mi Facebook a la hora que me dé la gana. ¿No es obvio o me estoy volviendo loca?

viernes, 22 de abril de 2011

Los mismos nombres

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Imagen: Garrincha
Me atrapa la irracionalidad ante las imágenes del Sexto Congreso. Cuando escucho la lista de los delegados, los miembros del Buró Político y los del Comité Central, me entra un desagradable malestar físico: Machado Ventura, Balaguer, Cintas Frías y un envejecido etcétera no me dejan continuar escuchando con objetividad. Para colmo a Raúl Castro le da por contar una anécdota digna de una telenovela mexicana sobre el machismo familiar: le mete el pie a Machado Ventura después de cierto dime que te diré. Ciertamente esta escena habría sido más correcta delante del fogón de una cocina que en el tan esperado Congreso del Partido Comunista.

Lo peor –o lo mejor, según la lectura- es que tendremos que esperar hasta el 28 de enero de 2012 para implementar los cambios. Se suponía que el súper cambio era ahora, pero nos dieron un “cambiecito” y de nuevo nos pospusieron el “cambión”. Raúl Castro se lamenta de dogmas arcaicos, se promete una (otra) rectificación, augura un futuro de líderes más jóvenes y asegura que lentamente salvará el socialismo y la revolución. El General sabe, tiene que saberlo, que sus promesas sólo se cumplirán cuando él ya no esté en el Comité Central, cuando ya no sea el Primer Secretario de ningún partido, cuando verdaderamente una nueva ola de cargos públicos asuma los poderes. Y justamente es ese el imperativo de los poderosos ancianos, minimizar el cambio y jugar una política de cuenta gotas, para alargar lo más posible el cambio inevitable, el fin de la omnipresencia del Partido.

Sin embargo hasta yo, la reina de la incredulidad, siento cierto optimismo. Las libertades económicas que el gobierno cubano hoy está obligado a concedernos a riesgo “de hundirse” serán los cimientos de las libertades sociales y políticas que les arrebataremos mañana, porque también entonces se verán conminados a ceder, so pena de perecer.

martes, 19 de abril de 2011

¿Soldado yo?

soldado
Foto: Claudio Fuentes Madan
Cada vez que paso por 21 y Paseo se me revuelve el estómago. Atravieso la Avenida y no puedo evitar leer el enorme cartel que ilustra este post. Firmado por la FMC da por sentado que yo y todas las mujeres de esta isla somos una especie de hueste dispuesta a disparar contra el enemigo. Ni siquiera soy soldado de mis propias causas, ¿cómo podría serlo de las causas de la Federación de Mujeres Cubanas?

Me molesta muchísimo que las múltiples organizaciones de masa que supuestamente representan a los grupos de cubanos se sientan en el derecho de hablar a nombre de todos, de robar las voces de los individuos para convertirlas en voz única de un aparato de control. ¿Por qué se nos insta a una militancia que no necesitamos? ¿Quién dijo que yo no soy una civil a ultranza? ¿Desde cuándo las mujeres cubanas formamos un batallón para la defensa de la patria?

viernes, 15 de abril de 2011

El sábado



Desde el viernes 8 de abril el cielo nos anuncia que la marcha se avecina. Bajo el precioso azul unos aviones de guerra ensayan no se sabe bien qué ni para qué y abajo en la tierra nos tapamos los oídos para no escuchar el estruendo. Mis perros han perdido el sueño, el macho le ladra desesperado al techo y la hembra se esconde debajo del sofá. Me gustaría poder explicarles que no es nada más que un despliegue de vanidad militar en un país que se cansa de repetir por el mundo que condena la guerra. Salgo a la calle y me sorprendo al ver desfilar ante mis ojos unos tanques. Cruzo la avenida 26 y respiro profundo, es un hecho: esta isla está gobernada por locos. El tráfico está desviado y los carros perdidos en las entrecalles forman un caos. Me paso quince minutos tratando de atravesar Paseo.

Hace diez días que vivo en cuenta regresiva: faltan siete, faltan cinco, hoy finalmente faltan dos. Nunca había desesperado tanto por la llegada de un domingo. Desde el viernes todo quedará paralizado, las escuelas, los comercios, la ciudad. Con tanta necesidad y tanta crisis me pregunto por cuántos ceros va la cuenta de gastos de la mega marcha por el cincuenta aniversario de Playa Girón.

Dicen que los cubanos somos paranoicos y sinceramente, si no lo fuéramos bien mal estaríamos, porque no hay nada más escalofriante que asomarse al balcón y ver a un pelotón de soldados gritando palabrotas y dando patadas en suelo, ni más tétrico que un ejército movilizado en tiempos de paz, ni más irracional que sacar a los hombres de sus trabajos para movilizar varias veces al año las reservas. Nada tan triste como esta semana, que nos recuerda sin piedad que no es la guerra de todo el pueblo, sino la guerra contra todo el pueblo.

jueves, 14 de abril de 2011